enero 17, 2020

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Inyectan agua de lluvia y regeneran suelos con tecnología del INIFAP

Inyectan agua de lluvia y regeneran suelos con tecnología del INIFAP

En un recorrido por las parcelas del CENGUA, junto con el geólogo de la UNAM, Marcos Adrián Ortega Guerrero, Aguilar García expresa que la paradoja del semiárido es que “falta agua, pero sobra agua”, ya que en promedio en la región llueve 487 milímetros (mm), pero lo que ingresa es menos de 8% y se evapora entre 92% y 95%, porque con las condiciones actuales del suelo no hay agua que pueda infiltrarse.

Sin embargo, subraya, “con nuestras investigaciones hemos hallado que si reacondicionamos el suelo podemos captar más del 90% del agua de lluvia; no para recargar el acuífero, sino aprovechar el agua en cultivos de riego y temporal, lo que quitaría presión a la irracional extracción del vital líquido del subsuelo.

Recuperando el suelo

Ramón Aguilar explica que los suelos deberían tener al menos 1.5% de materia orgánica a una profundidad de 0 a 60 centímetros (cmts) de espesor, pero en promedio hay 1.7% de suelo de 0 a 30 cmts, lo cual se traduce en una pérdida de 150 toneladas de materia orgánica. Sin embargo, con la rotura vertical probada, durante 27 años, en la parcela demostrativa de este campo experimental del INIFAP, se ha logrado tener 5.4% de materia orgánica de 0 a 1.50 de profundidad, donde hay raíces que preservan el suelo y lo enriquecen.

El resultado es que este lote –indica el especialista– va en el corte 27 y el acumulado es de 254 toneladas de pastura, con 377 mm de agua de lluvia que se infiltran al suelo, por lo que para encharcarse –característica común de un suelo compactado– necesitaría 417 mm en 24 horas.

El campo experimental –detalla Ramón Aguilar– tiene 58.5 hectáreas y siembra 36 hectáreas con pastos, lo cual no es fortuito dado que éstos juegan un papel muy importante desde el punto de vista de la conservación de suelo, pero además hay un impacto social ya que este forraje alimenta especies ovejas, bovinos, que generan ingreso a los productores locales.

Con esta tecnología aprovechamos el principal recurso de la zona que es la radiación solar –83 millones de kilowats hora por año–, que es gratuita y el agua de lluvia. Aportamos servicios ambientales, hay carbono, control de erosión y actividad microbiológica, remarca.

Afectaciones a la salud

El geólogo Marcos Adrián Ortega, quien se ha dedicado a estudiar la situación de la  Cuenca Independencia, destaca cómo los gobiernos locales, municipales, estatales y federales en su toma de decisiones están orientados más al desarrollo agroindustrial y en la región se apoya mucho la agroexportación a costa del recurso agua en el acuífero; no reconocen los problemas de salud por la extracción de agua, a mayor profundidad, con alto contenido de flúor y arsénico.

Señala que la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) tiene esa información y no ha actuado. Esperamos que con este nuevo gobierno se pueda hacer algo, tenemos acercamiento con autoridades federales para trabajar el problema, entenderlo y actuar.

En este contexto Ortega Guerrero recalca que la rotura vertical puede contribuir a reducción de extracción de agua en acuíferos y reducir la aportación de elementos químicos nocivos a la salud y medio ambiente

Para Ramón Aguilar se requiere reconocer el problema y que nuestras propuestas sean consideradas como un instrumento de política pública. “el objetivo no es tanto para que el acuífero se recargue; sino con que se mantuvieran los niveles que traemos nos daríamos por bien servidos”.

Tras destacar que la rotura vertical es un propedéutico para siembra directa o la agricultura de conservación, manifiesta que así como hemos dañado al medio ambiente,  los seres humanos tenemos la capacidad intelectiva y tecnológica para resarcir esto, pero necesitamos socios que nos apoyen.



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