noviembre 15, 2019

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La Orquesta Escuela Carlos Chávez musicalizó en vivo la película

La Orquesta Escuela Carlos Chávez musicalizó en vivo la película

La noche de este martes, ¡Qué viva México! dejó de ser una expresión trivializada para convertirse en motivo de reflexión y emotivos comentarios, ante la presentación de la película de Serguéi Eisenstein que fue musicalizada en vivo por la Orquesta Escuela Carlos Chávez (OECCh), con música de Silvestre Revueltas, como parte del 47 Festival Internacional Cervantino.

Se trató de un ejercicio musical en el que los jóvenes instrumentistas de la OECCh más que hacer un acompañamiento sonoro a la película ¡Qué viva México!  participaron en una intervención musical fuerte e intensa que reveló los tonos festivos y solemnes que perviven en México; desde el sincretismo religioso hasta las conductas más tempestuosas; del México cruento al compasivo; del México sensiblero o impasible, al México cándido, impulsivo e iracundo.

En la Alhóndiga de Granaditas, dirigidos por Eduardo García Barrios, los 114 jóvenes instrumentistas interpretaron pasajes de más de 15 obras de Silvestre Revueltas, entre ellas, Janitzio, Sensemayá, La noche de los mayas, Homenaje a Federico García Lorca, Esquinas, Danza geométrica, Ventanas y Música para charlar, para hacer de esta musicalización una simbiosis que conjuntó la estética visual y narrativa de Eisenstein con la música del compositor mexicano; misma que sin caer en folclorismos literales contiene los tonos, colores y texturas de la festividad mexicana y su trasfondo trágico.

Para muchas personas del público las imágenes de Eisenstein fueron provocadoras y evocadoras, pues en voz muy baja emitían comentarios como “¡qué horror a mí nunca me han gustado los toros; no le encuentro belleza a tanta crueldad!” o “¡mira, qué lindas imágenes de mujeres con trenzas y rebozos, como los de la abuela!”.

Lo que se despertó

La música de Revueltas, a su vez, despertó sensaciones vibrantes provocadas por el sincretismo de los rituales indígenas hasta las fiestas extremas; las diversas ocasiones en que fueron interpretados pasajes de Janitzio, Sensemayá o La noche de los mayas esbozaron sonrisas en los rostros de hombres y mujeres cuya mirada expresaba a veces intriga, en otras fascinación o desconcierto mientras seguían la proyección de esta cinta que marcó un antes y después en la estética del cine nacional.

Los aplausos se sumaron a la expresión en el rostro del público que fue de meditación o cavilación después de una revelación o de un reencuentro con esas caras y momentos que muestran cuáles son sus orígenes o a dónde pertenecen.

Eduardo García Barrios, titular del Sistema Nacional de Fomento Musical y director artístico de este proyecto, declaró que el objetivo de este ejercicio musical realizado junto con la productora musical Annette Fradera obedece no solo a una suposición de ¿qué hubiera pasado si Eisenstein hubiera encargado a Revueltas la creación de una banda sonora para esta película? También a la necesidad de revelar los rostros, los paisajes, la fiesta, la tragedia y las contradicciones que perviven en el país.

“¡Qué viva México! es una película actual porque revela la complejidad y belleza de nuestro país, y nuestro deseo es que el público disfrute del universo creativo de dos artistas que no solo coincidieron en época, sino también en búsquedas artísticas las cuales convergen en expresividad, dinamismo y teatralidad”, afirmó.

El reto que implicaba musicalizar en vivo la proyección de una película y en un espacio abierto que es mayúsculo es sobresaliente, se requiere el trabajo de mucha gente, desde la elaboración de particellas, expresión musical, producción, equipo de sonido y, por supuesto, una ejecución ejemplar en el escenario, agregó el director de orquesta.



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