septiembre 26, 2020

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Nelson Mandela, sinónimo de la lucha por los derechos humanos

Nelson Mandela, sinónimo de la lucha por los derechos humanos
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La segregación racial de Sudáfrica y poco más tarde la implementación del apartheid, en 1948, fueron motivo de gran preocupación en la entonces recién creada Organización de las Naciones Unidas. La Asamblea General adoptó en 1950 su primera resolución contra ese régimen discriminatorio que obligaba a vivir separados de la población blanca a los grupos raciales originarios de África y a otros grupos étnicos ahí establecidos como resultado del colonialismo. A partir de entonces y durante más de cuatro décadas se aprobaron más resoluciones, se celebraron conferencias y se emprendieron acciones con la intención de que se desmantelara ese sistema racista.

En este contexto, una figura surgió para ocupar un lugar de honor en la historia al convertirse en sinónimo de la lucha por los derechos humanos en Sudáfrica y el mundo: Nelson Mandela.

Nelson Rolihlahla Mandela nació en 1918 en Mvezo, Sudáfrica. Haber crecido en un entorno de segregación racial lo hizo consciente desde muy temprana edad de las injusticias y abusos de los derechos humanos y lo llevó a implicarse en la vida política cuando era estudiante de leyes en la Universidad Fort Hare.

Un espíritu libre a pesar de las rejas

En 1964 el gobierno del apartheid lo juzgó nuevamente, esta vez acusándolo de sabotaje y sentenciándolo a cadena perpetua en la prisión de la isla Robben. Al dirigirse en el juicio de Pretoria al tribunal que lo condenó, Mandela declaró: “He dedicado mi vida a esta lucha por el pueblo africano. He luchado contra la dominación blanca y he luchado contra la dominación negra. He valorado el ideal de una sociedad democrática y libre en la que todas las personas vivan en unidad y armonía con igualdad de oportunidades. Es un ideal para el que vivo y espero alcanzarlo. Pero si fuera necesario, estoy preparado para morir por él.”

Su declaración estipuló que odiaba “la arrogancia racial” que otorgaba las bondades de la vida a una minoría de la población como derecho exclusivo y que reducía a la mayoría a “una condición de servilismo e inferioridad. “Nada de lo que pueda hacer este tribunal cambiará en modo alguno ese odio que siento y que sólo podrá desaparecer cuando se eliminen la injusticia y la inhumanidad contra las que he luchado para erradicar de la vida política y social de este país.”

No obstante el encierro, Mandela se convirtió en símbolo y líder del movimiento contra el apartheid. Su infatigable espíritu de libertad y reivindicación de los derechos humanos, no sucumbió entre las rejas, al contrario, organizó un movimiento de desobediencia civil en el penal que obligó a las autoridades a mejorar las condiciones de los reclusos en la isla Robben.

Tras 27 años privado de la libertad, 18 de ellos realizando trabajos forzados en una cantera, Mandela fue liberado en febrero de 1990 cuando la creciente presión nacional e internacional logró que el nuevo mandatario sudafricano F.W. de Klerk -que había asumido el poder un año antes- empezara a desmantelar el apartheid y anulara la prohibición del Congreso Nacional Africano.

Premio Nobel de la Paz y presidencia de Sudáfrica

 Tan pronto recuperó la libertad, Mandela se reintegró a la actividad política y lideró al Congreso Nacional Africano en sus negociaciones con el régimen para acabar con el apartheid y establecer un nuevo gobierno multirracial.  En junio de ese mismo año, en calidad de vicepresidente del Congreso Nacional Africano, viajó a Nueva York para hablar ante el Comité Especial contra el Apartheid de la Asamblea General de la ONU.

Su infatigable trabajo hizo a Nelson Mandela acreedor al Premio Nobel de la Paz en 1993, galardón que compartió con el presidente Klerk.

Un año después, el Congreso Nacional Africano ganó con gran mayoría los primeros comicios multirraciales y libres en el país y Mandela se convirtió en el primer presidente de Sudáfrica electo democráticamente.

En 1994, su primer año como jefe de Estado, Nelson Mandela participó en el debate de la Asamblea General, donde pronunció un emotivo discurso.

El racismo degrada al perpetrador y a la víctima

“Estamos aquí hoy para saludar a la Organización de las Naciones Unidas y a sus Estados miembros individual y colectivamente, para unir fuerzas con las masas de nuestros pueblos en una lucha común que trajo nuestra emancipación e hizo retroceder las fronteras del racismo”, dijo el presidente Mandela.

Ante el pleno de la Asamblea, el flamante mandatario agradeció a la ONU el apoyo a la lucha de los africanos en su país. “En cierta medida ese cambio histórico se ha producido gracias a los grandes esfuerzos que emprendieron las Naciones Unidas para lograr la eliminación del crimen del apartheid contra la humanidad.”

En la misma tribuna, advirtió que el camino de Sudáfrica sería difícil debido al empecinamiento del racismo “que puede aferrarse a la mente e infectar profundamente el alma humana”. Sin embargo, afirmó que su país seguiría adelante por dura que fuera la batalla. “No cejaremos en nuestro empeño. El hecho de que el racismo degrade tanto al perpetrador como a la víctima nos exige que, para ser leales a nuestro compromiso de proteger la dignidad humana, luchemos hasta lograr la victoria.”

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