noviembre 26, 2020

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Una vida dedicada a la lucha contra la trata de personas

Una vida dedicada a la lucha contra la trata de personas
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Cada año, cientos de hombres, mujeres y niños, principalmente de zonas rurales, son víctimas los traficantes de personas en Malawi, tanto dentro como fuera del país. La mayoría de ellas terminan haciendo trabajos forzados o son explotadas sexualmente. Pese a ello, hay muy poca conciencia sobre este delito en el país africano, encerrado entre Mozambique, Zambia y Tanzania.

Maxwell Matewere trabaja en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en Malawi y está especializado en la lucha contra el tráfico ilícito de personas.

Actualmente se dedica a capacitar a funcionarios de todo el país en la prevención y el combate contra este delito. Durante este año y a pesar de las restricciones ocasionadas por la COVID-19, tuvo tiempo de rescatar a unas 300 víctimas de trata de personas y logró 31 detenciones.

Observo los frutos de mi trabajo gracias al número cada vez mayor de víctimas rescatadas, el número de detenciones efectuadas y los casos procesados con éxito… En mi país y a nivel internacional, me llaman ’héroe’.

“Todavía recuerdo mi primera experiencia relacionada con los horrores de la trata de personas. Era el año 1998 y me había graduado recientemente en derecho. En esos momentos trabajaba para una ONG de derechos humanos y asistí a un taller en Sudáfrica cuando un taxista me habló de dos chicas malauíes que trabajaban en un bar en Johannesburgo y estaba muy preocupado por ellas”, cuenta recordando cómo comenzó su lucha.

“Las jóvenes -continúa- eran dos hermanas de 14 y 16 años. Las conocí y descubrí que fueron traficadas de Malawi a Sudáfrica y obligadas a trabajar como prostitutas. Estaban en un estado terrible, tanto física como mentalmente, cuando las encontré. Conseguí organizar su regreso a Malawi y actualmente una de ellas trabaja como contable y la otra como directora de una escuela primaria. Nos mantenemos en contacto, y todavía me ven como su ‘padre’”.

“Este encuentro me animó a dedicar mi carrera a la lucha contra la trata de personas y, después de que Malawi ratificara el Protocolo de las Naciones Unidas contra la trata de personas en 2005, me convertí en miembro de una comisión que elaboró la primera ley nacional sobre ese flagelo. La legislación entró en vigor el año 2015”, concluye.

Cientos de personas son objeto de trata cada año

Pese a la gran actividad delictiva alrededor de la trata, Maxwell asegura que hay poca conciencia sobre este delito en el país. Afortunadamente, Malawi cuenta ahora con los medios legales para condenar a los traficantes como es debido y proporcionar protección y apoyo a las víctimas.

“Esto representa un gran paso adelante. Mi trabajo consiste en apoyar la aplicación de la ley contra la trata de personas y el programa de acción nacional, que fue elaborado y se actualiza con la asistencia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito”, destaca el experto.

Considero que mi deber es garantizar que no haya un solo Maxwell, sino muchos. Quiero formar a más personas y lograr una respuesta eficaz en mi país a este cruel crimen.

“Viajo por todo el país para formar, orientar y entrenar a los funcionarios encargados de aplicar la ley y que se ocupan de los casos de trata de personas. Les explico cómo pueden utilizar las leyes para detectar casos, identificar y proteger a las víctimas y garantizar el juicio de los delincuentes”, dice explicando cuál es su trabajo.

En sus formaciones, Maxwell alienta a los funcionarios encargados de los casos de trata de personas -oficiales de policía, observadores de fronteras, funcionarios de inmigración e investigadores- a priorizar los derechos humanos y las necesidades de la víctima.

También colabora con trabajadores sociales que ayudan a las víctimas a recuperarse, entre ellos los valientes supervivientes que prestan testimonio en los juicios.

Además, visita las comunidades rurales donde habla con los líderes comunitarios de las aldeas sobre la trata de personas y los trucos utilizados por los traficantes. “Estas personas suelen ostentar mucho poder dentro de sus comunidades y pueden influir en los cambios de comportamientos. También visito escuelas, centros de salud e iglesias, para concienciar al público en general sobre este delito”, continúa.

Maxwell asegura que “es muy gratificante trabajar para las Naciones Unidas y obtener la alentadora respuesta de los participantes” en sus sesiones de capacitación y en los seminarios itinerantes.

Un héroe nacional… e internacional

“Observo los frutos de mi trabajo gracias al número cada vez mayor de víctimas rescatadas de los traficantes de seres humanos, el número de detenciones efectuadas y los casos procesados con éxito.

Hay varios casos en los que he estado involucrado, de los que estoy orgulloso.  Entre ellos figuran el rescate de víctimas de explotación laboral malauíes en Kuwait e Iraq y su regreso seguro a casa, o el rescate de hombres nepalíes con destino a Malawi que fueron objeto de trata. A estos casos, les he de sumar los recientes rescates de jóvenes víctimas de matrimonios forzados y prostitución tras mi tutoría de este verano. 

Los abogados y fiscales mencionan algunos de los casos en los que he trabajado o por la policía de Malawi en su programa de formación para nuevos reclutas.

En mi país y a nivel internacional, me llaman ’héroe’. A principios de este año, recibí una distinción del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Pero, para mí, la mejor recompensa es ver cómo mi trabajo ha suscitado una gran atención nacional, regional y mundial sobre la trata de personas que a menudo es un delito oculto”.

Se necesitan más Maxwells

Las personas encargadas de la elaboración de políticas reconocen que la trata de seres humanos es una cuestión cada vez más preocupante que debe abordarse, y, a su vez, los medios de comunicación de Malawi también desempeñan actualmente un papel fundamental para destacar los casos de trata de seres humanos.

“Considero que mi deber es garantizar que no haya un solo Maxwell, sino muchos. Quiero formar a más personas y lograr una respuesta eficaz en mi país a este cruel crimen.

Veo situaciones terribles y me pregunto cómo la gente puede cometer tales actos, especialmente a niños inocentes.

Con mi trabajo, puedo marcar la diferencia, defender a las personas vulnerables y prevenir la trata de personas. Esto y el deseo de ayudar a las víctimas es lo que más me motiva. Me preocupa su sufrimiento.

A veces mi trabajo me afecta emocionalmente. Veo situaciones terribles y me pregunto cómo la gente puede cometer tales actos, especialmente a niños inocentes. Pero soy capaz de mantener un equilibrio entre mi vida personal y la laboral”.

Maxwell tiene tres hijos, un niño de 13 años y dos niñas de siete y cuatro años. Cuando está en casa paso el tiempo con ellos y todos los fines de semana van a la iglesia.

“Mi familia me extraña mucho cuando tengo que viajar. Aunque mis dos hijos mayores son conscientes del tipo de trabajo que hago, no les comento los casos específicos. A mi hija de siete años, le pidieron hace poco en la escuela que trajera una foto de una persona famosa. Me tomó una foto y les dijo a sus compañeros de clase que su padre es un héroe debido al trabajo que hace”.

Este 15 de noviembre se celebra el 20º aniversario de la adopción del Protocolo de la ONU sobre la Trata de Personas.

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