abril 14, 2021

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Fue un año difícil, cientos se aglomeran en el Santuario de Guadalupe

Fue un año difícil, cientos se aglomeran en el Santuario de Guadalupe
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Durante el viernes 11 de diciembre, acaso unos 130 fieles aguardaron para entrar al Santuario de la Virgen de Guadalupe, en el Centro de Guadalajara. Sin embargo, en la celebración de su día en este sábado se agruparon entre 800 y mil personas en la fila para entrar. 

“No están guardando la sana distancia”, reconoció uno de los oficiales de Protección Civil del Estado.

Desde las ocho de la mañana comenzaron a arribar en mayor cantidad las personas, quienes ingresaban al templo conforme iban llegando hasta llenar el cupo de 80 para escuchar la misa de las diez.

Para llegar, tenían que recorrer por toda la plaza un camino de vallas que serpenteaba para evitar que la gente se agolpara. 

Desde el ingreso, se hacían 15 minutos para caminar por ese espacio hasta el ingreso al templo, pero cuando éste se llenó la gente simplemente aguardó en la fila sin que hubiera 1.5 metros entre cada persona, como solicitan las autoridades sanitarias.

La mayor parte de los asistentes portaban su cubrebocas de manera correcta, aunque también se pudieron ver niños sin cubrebocas que estornudaban, personas con la nariz descubierta o con el cubrebocas en la papada. Algunos llegaron descalzos para cumplir alguna manda.

La pandemia no los disuadió de asistir a visitar a la virgen de Guadalupe, pues lo que los motivaba era pedirle por el fin de la enfermedad.

Sandra López fue una de las visitantes. Desde niña comenzaron a llevarla sus padres y ella hizo lo mismo con sus hijas —la más grande, de 23 años— quienes además llevaban a los nietos. “Es un año difícil, por eso quisimos venir, por todo lo de la pandemia, a pedir ayuda”.

Desde la plaza, los feligreses podían escuchar la misa que se celebraba dentro del templo. “Necesitamos estar reconciliados, estar hermanados, estar en paz”, instó el párroco. “¡Psst! ¡Psst! ¡Se están metiendo!”, reclamó muy molesta una mujer al personal de Protección Civil sobre algunos asistentes que cortaban camino.

Gisela Barba tampoco acudía cada año, pero consideró que en este 2020 sí debía visitar a la virgen. “Quiero agradecer que estamos bien después de tantas cosas y a pedirle por la salud de mi marido y que mi hija salga bien porque está esperando bebé”.

Mientras tanto, el padre divulgaba su sermón. “Oremos por todos aquellos que siguen adoloridos porque han perdido a un miembro de la familia por la pandemia”, lo mismo para los familiares de desaparecidos. 

“Oremos por la inseguridad que padecemos, es un calvario, por no decir un infierno, lo que viven muchas familias por la falta de un hijo, del papá, de un tío que de la noche a la mañana desapareció y no saben cuál fue el final, si vuelve, si vive, si murió dónde quedó, en una fosa clandestina, amontonado con otros cuerpos de los que no se sabe su identidad”.

Una familia se sentó en una de las jardineras durante varios minutos, pero no esperaron a que terminara la misa para poder pasar.

—Ya vámonos —dijo la mujer.

—¿Ya? —preguntó el marido.

—Sí, ya rezamos. Entre más pegados estamos de la gente más riesgo corremos.

Cuando concluyó la misa, poco después de las once de la mañana, por la bocina se escucharon las indicaciones para que pudiera ingresar la gente que estaba afuera, sólo que desinfectaran. Sin embargo, lo que hicieron fue quitar las sillas para dejar pasar de nuevo grupos de 80 personas a que hicieran su ofrenda y salieran.

Hacia las once y media, finalmente comenzaron a pasar quienes esperaban con flores y veladoras y la fila empezó a bajar.

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