junio 26, 2022

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Migrantes en México: una visión con claroscuros

Migrantes en México: una visión con claroscuros

En el marco del Día Internacional del Migrante, que se conmemora el 18 de diciembre, Alejandra Nuño, directora del Centro Universitario por la Dignidad y Justicia Francisco Suárez, SJ, del ITESO, reflexiona sobre cómo se vive la presencia de los migrantes latinoamericanos en México.

Entre quienes buscaban ir a la Basílica de Guadalupe el pasado 12 de diciembre en Ciudad de México, estaban los integrantes de una caravana migrante que salió del sureste del país desde hace mes y medio, pero fueron detenidos en su intento por la policía capitalina.  La discusión generada en redes sociales por este enfrentamiento entre la policía y los migrantes, a pocos días de la volcadura de un tráiler que transportaba 160 migrantes y que dejó como saldo 57 fallecidos, volvió a poner sobre la mesa las distintas aristas que el tema migratorio tiene en México.

En el marco del Día Internacional del Migrante, que se conmemora el 18 de diciembre desde el año 2000, Alejandra Nuño, directora del Centro Universitario por la Dignidad y Justicia Francisco Suárez del ITESO, comenta que México ha trabajado sobre el tema desde la década de los años noventa, cuando comenzó una ola de casos en los que migrantes mexicanos en Estados Unidos habían sido acusados de haber cometido graves delitos y que después de un proceso eran sentenciados a la pena muerte. México emprendió una estrategia internacional, comenzando por denunciar al país vecino ante la Corte Internacional de Justicia de la Haya, porque en la mayoría de los casos de migrantes sentenciados a la pena de muerte se había negado el derecho de que pidieran ayuda a su consulado o a cualquier instancia diplomática de su país. 

En épocas más recientes, México y Suiza promovieron en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) dos pactos importantes de migración, uno de ellos fue el Pacto Mundial para la Migración Segura, Ordenada y Regular, ya que, reconociendo que la migración es una realidad que no se puede parar, al menos se puede tratar de ordenarla, regularla y hacerla segura. 

“Como podemos ver, por lo menos en las últimas décadas, el Estado mexicano ha tenido una política exterior de apoyo a sus connacionales y de apoyo al tema de la migración”, señala Nuño.

Candil de la calle, oscuridad de la casa

Al interior del país es posible ver que la discusión sobre la migración de los paisanos “no se mide con la misma vara con la que se discute la migración de personas de otras nacionalidades, especialmente del norte de Centroamérica: Guatemala, El Salvador y Honduras, quienes buscan transitar por México para llegar a Estados Unidos y Canadá”, dice la directora del CUDJ.

Al interior de sus instituciones, México no la logrado coordinarse y tener una política consistente con la agenda internacional y congruente en el ámbito institucional. Por un lado, en el arranque del actual gobierno federal se habló de la emisión de una serie de visas humanitarias, debido a que es cada vez más complicado hacer la distinción entre una persona que quiere llegar a otro país para mejorar sus condiciones de vida y una que está huyendo de su país por razones de violencia o vinculadas con el cambio climático y solicita asilo. Por otro lado se observa que la visión del Instituto Nacional de Migración es “muy de policía, de luchar contra la migración, de encarcelarla”.

Para la especialista en temas de derechos humanos es claro que al gobierno mexicano no parece importarle mucho lo que les sucede a las personas migrantes, “y vemos con muchísima preocupación que cualquiera de ellas puede estar en un terrible peligro de ser víctima de cualquier tipo de delitos”.

Aunado a las condiciones de inseguridad que viven los migrantes está la falta de empatía de la población mexicana, que en parte los ve como quienes vienen a quitar trabajos o a delinquir. A esto se deben sumar la corrupción, la impunidad y la colusión de las autoridades para que estos casos, sobre todo de graves violaciones de derechos humanos a migrantes, se perpetren. 

“En todos los crímenes relacionados con migrantes hemos visto que la respuesta de las autoridades no solo no es proteger a los migrantes, sino que inician investigaciones contra los defensores de derechos humanos que están acompañando esos casos y que de alguna manera comienzan a levantar la voz por las irregularidades en las investigaciones. En la medida en la que sigue habiendo impunidad cualquiera puede seguir cometiendo cualquier tipo de tropelía contra cualquier persona migrante”. 

El futuro de la migración hacia México

“Veo que el tema va a continuar igual o peor, porque los quebrantos a la democracia en otros países latinoamericanos son los que están impulsando que vengan venezolanos, los del triángulo norte, nicaragüenses y haitianos”, afirma Nuño.

“Por otro lado, la situación económica a nivel mundial es complicadísima y eso también abona a que muchas personas quieran migrar. No veo que se vayan a reducir los flujos y más bien las personas van a seguir buscando formas para llegar de una u otra manera para cruzar a Estados Unidos y a Canadá”.

Ante esta situación, para la que tampoco se avizora un trato humanitario hacia las personas migrantes, ¿qué se puede hacer desde el ámbito universitario?

“Como universidades nos toca seguir sensibilizando a nuestra comunidad académica sobre las realidades que viven estas personas, las realidades por las que huyeron o por las que migran y por las que tienen que pasar estas personas, y qué es lo que quieren lograr. Ejercicios de empatía. Ponte en los zapatos de estas personas. En más de una ocasión se pudo haber colado alguna persona que pudo haber cometido algún delito o que llegando acá se comportó mal, eso es innegable, la migración no es perfecta, pero lo que sí es un hecho es que esas son las excepciones a la regla y cuando una persona empieza a formarse criterios con base en las excepciones, los miedos, los estereotipos y los estigmas, en esa medida es que nunca podrá abrirse a empatizar con esas personas que tanto lo necesitan”, menciona. 

La clave está en entender que no son un peligro ni una competencia, y que al final de cuentas nos deberíamos solidarizar “porque nadie nos dice que alguno de nosotros no pueda estar en esa situación alguna vez”.

La académica sugiere, en un ejercicio de reflexión, pensar en si tenemos un pariente o conocido que en esta u otra generación se fue a Estados Unidos o Canadá a buscar una vida mejor. “¿Por qué vamos a medir con una vara distinta lo que nuestras propias familias han pasado en algún momento de sus vidas?”, finaliza.

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