mayo 19, 2022

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Las mujeres merecemos una vida libre de violencia

Las mujeres merecemos una vida libre de violencia

El 8 de marzo es un día que tiene que servirnos para recordar y recrear la lucha por nuestros derechos y libertades, para que los otros 364 días podamos vivir libres de violencia y en paz.

Durante años hemos sido discriminadas, perseguidas, violentadas, desaparecidas, vendidas y asesinadas. Los esquemas del patriarcado opresor y las dinámicas del machismo siguen siendo una realidad que nos menosprecia y pretende disminuir.

La violencia contra nosotras empieza en nuestro entorno más cercano, en la familia, desde que somos niñas, por ello, la normalizamos y aceptamos como lo que debe de ser: al final del día, como lo que nos merecemos.

Es la violencia estructural que trasciende generaciones y se multiplica, pero muchas ya hemos hecho un alto en el camino, hemos dicho ni una más, pero ni una menos.

No olvidemos que, la demanda por el respeto a nuestros derechos, constituye una exigencia que empieza y termina por el primero de ellos: a no ser asesinadas. La lucha por nuestra libertad representa, también, una lid por nuestra libre determinación que inicia por nuestro primer y último territorio: nuestro cuerpo.

Deberíamos inspirar menos miedo y horror, tanto al interior como al exterior de esta Soberanía, las que nos manifestamos, marchamos y alzamos la voz, que las desaparecidas, violentadas, invisibilizadas y asesinadas.

Que quede claro: no queremos desestabilizar a nada ni a nadie. Nuestra causa es tan legítima y justa como urgente y respetable.

Una vida libre de violencia 

Las niñas, adolescentes y adultas mayores, merecemos una vida y un entorno libres de todas las formas de violencia. Somos mayoría y tenemos que dejar de ser vulnerables.

Transformar auténticamente la vida pública del país debe significar, por principio, promover, respetar y hacer respetar los derechos humanos de las mujeres, lo que pasa por generar la legislación, las políticas públicas que nos permitan equilibrar nuestra vida profesional con la personal y familiar, así como procurar espacios de convivencia saludable, pacífica, solidaria para nosotras y nuestros hijos.

La violencia contra las mujeres, que encuentra en el feminicidio su expresión más acabada y despreciable, la sufrimos todas; no puede ni debe existir una sola víctima de todo. Antes de concluir y, si el 8 de marzo, que tampoco debe girar alrededor de nadie porque es de todas, tuviere que tener un protagonista, quiero que sea mujer, cuyo paso por la tierra nos dejó muchas enseñanzas.

Pido un minuto de aplausos a la memoria de Martha Sánchez Néstor, activista por las mejores causas que nunca vendió ni torció sus convicciones y que llevaba en su sonrisa la alegría y la resiliencia de su pueblo, de sus mujeres y niñas.

Ni un minuto de descanso y ni un minuto más sin nosotras. Es cuánto.

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