diciembre 09, 2021

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¡Salud, por el mejor y más arriesgado oficio del mundo…!

¡Salud, por el mejor y más arriesgado oficio del mundo…!

-En memoria de Rodrigo Huerta Pegueros,

Mi amigo y maestro.

Por Ignacio Hernández Meneses

-¡Tú, chíngalo, si lo vas a chingar, chíngalo bien… la tripa no es democrática!-palabras más, palabras menos-recuerdo algunas de sus frases, de sus sentencias, consejos y máximas del periodista Rodrigo Huerta Pegueros en la víspera de la conducción del extinto periódico Revolución que aún controlaba su padre, don Pedro Huerta Castillo. Ahí me dio chance de publicar mis primeros monos, ahí conocí al inolvidable compañero Alejandro responsable de la edición de Revolución y El Observador. Posteriormente, el 10 de enero de 1988, Jorge Zamora Téllez me invitó a publicar mis caricaturas en El Sol de Acapulco, bajo la dirección del también notable periodista Ricardo del Valle del Peral, donde compartí la página editorial y de opinión con don Nicolás Román Benítez, Miguel Aroche Parra, Arturo Parra Zúñiga, Mauricio González de la Garza y Eulalio Espinoza Marmolejo, puro garbanzo de a libra.

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El periodismo es para mí un oficio muy noble. Es también la universidad de la vida, aunque nunca han sido justos los salarios, no se diga las prestaciones sociales, permite vivir con pasión y compromiso social. Esperar que amaneciera para leer y oler las páginas para presumir la primicia que solo es para quienes han volado alto en el quehacer informativo, o también para darnos de topes por la nota principal que publicaron los de enfrente y que costará un obligado regaño más la guardia de castigo hasta la medianoche en Novedades.

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Un día, luego de una huelga de seis meses de las trabajadoras de la cafetería de Woolworth, en asamblea plenaria y por mayoría de votos, las empleadas victoriosas decidieron compartir una de sus alcancías con un servidor, porque consideraron que el periódico que representaba siempre estuvo al pie del cañón hasta que ganaron. Fueron al periódico y preguntaron por el susodicho, el dueño del periódico dijo que no era necesario ese regalo, pero las luchonas meseras insistieron que era “por la firme solidaridad de su reportero”. El cuento termina cuando el propietario solo me entregó el oficio firmado por las aguerridas huelguistas.

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“¡Toma las fotos guey, tómalas, yo te cubro, que las tomes, entonces pa´ que vienes marica…!”, así le gritaba a Martín Gómez Muñoz, novato reportero gráfico de El Sol de Acapulco cuando tenía enfrente a los heridos y a los 17 campesinos masacrados en Aguas Blancas. Hasta las tres mentadas de madre y empujones que le di le cayó el 20 al compañero. A la postre, esas extraordinarias fotografías –por su contenido periodístico, no por los muertos-, merecieron el Premio Nacional de Periodismo, y yo, a 25 años de impunidad sigo esperando las tres caguamas prometidas por el asustado compañero, quien de repente aún se imagina que lo persigue Rubén Figueroa Alcocer, el represivo Grupo Tigre, o quien sabe quién.

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El periodismo no se detiene. Se puede ir la luz pero siempre debemos brillar con nuestras noticias. Estábamos al aire en Cable Acapulco Noticias, y todo mundo iba y venía corriendo por todo el set, siempre con las prisas, pasando las llamadas y las últimas notas. Javier Trujillo, Pedro –ex director de Comunicación con Evodio Velázquez- David Duarte, Troy Mérida, Roselia Escobar y el maestro Ángel Salas conformábamos el equipo. De repente, un jalacables tropezó y provocó un apagón en las cámaras pero había audio, y la gente nos veía en sus casas, era el turno de Roselia quien a oscuras se echó la nota que previamente había memorizado nítidamente, punto por punto, coma con coma, palabra por palabra, y solo se veía su sombra y unos foquitos de colores que eran de su pinito de Navidad que había colocado en el atril. Cuando regresó la luz, nos regresó la vida, pero Roselia no bajó la guardia ni su dulce voz.

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“¡Para RTG Noticias, Ignacio… Ignacio…!” Así, con el olvido de mis apellidos daba la salida de mi nota informativa, luego de que decenas de aficionados rodearon y tomaron la glorieta de la Diana Cazadora, tras una victoria de México en Copa de Oro allá por el año 2000. Era un ruidal, fue dramático cubrir la algarabía, simultáneamente, en el Ángel de la Independencia y en la macroplaza de Monterrey había festejos. Al final, mi compañero camarógrafo Felipe Hernández y yo, nos percatamos que la muchachada le desprendió el arco a la Diana. Lo encontramos entre las exoras, acto seguido nos fuimos a la televisora y desde ahí, anunciamos que teníamos en nuestro poder el pedazo de monumento para que alguien del Ayuntamiento fuera y lo volvieran a soldar, y al siguiente día yo mismo lo llevé a la policía preventiva para entregarlo. Pero me detuvieron, el juez mixto a gritos advertía que me atuviera a las consecuencias legales, que precisamente andaban buscando al delincuente. Todo terminó cuando un jefe policiaco me reconoció y ordenó mi libertad. Luego de explicarle que me excedí en mi tarea reporteril.

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Hoy quiero felicitar a todos mis compañeros y amigos del oficio porque precisamente este 4 de enero es Día del Periodista. Y que, a pesar de la adversidad, llegamos al 2021 y los años que vengan. ¡Que vivan los periodistas porque la historia tiene que seguir!

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