El sufrimiento de la población civil no da señales de remitir en Ucrania, ahora que se acerca el cuarto aniversario de la invasión a gran escala de Rusia, en medio de ataques a las infraestructuras energéticas, apagones y temperaturas gélidas, advirtieron el martes los trabajadores humanitarios de la ONU.
En declaraciones a los periodistas desde un sótano en Jersón, el representante del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) en Ucrania, Munir Mammadzade, dijo que la ciudad, situada en primera línea de fuego, sigue «bajo fuego constante», con ataques diarios que destruyen viviendas e infraestructuras críticas, así como los servicios de los que dependen los niños y las familias.
«He estado escuchando constantemente bombardeos de artillería», dijo, refiriéndose a otro «ataque masivo y coordinado» que, según se informa, afectó a la infraestructura civil y energética durante la noche.
El hospital infantil de la ciudad fue atacado ocho veces el martes por la mañana, añadió Mammadzade.
Infancia subterránea
Con pocos lugares que ofrezcan refugio en Jersón, la vida cotidiana es «una cuestión de supervivencia» para los niños y las familias de la zona del frente, dijo el representante de UNICEF.
La región está «casi totalmente cubierta por redes antidrones» y la infancia se ha «trasladado literalmente al subsuelo», subrayó.
De los aproximadamente 60.000 niños que vivían en Jersón antes del inicio de la invasión a gran escala de Rusia el 24 de febrero de 2022, solo quedan unos 5000, que tienen que «aprender, jugar y dormir en sótanos para mantenerse a salvo».
Mammadzade hizo estas declaraciones a los periodistas en una rueda de prensa en Ginebra, mientras los negociadores de Ucrania y Rusia se reunían en la ciudad suiza el martes para dos días de conversaciones mediadas por Estados Unidos.
Hablando del sótano convertido en un centro de protección infantil gestionado por UNICEF desde el que se conectaba, Mammadzade dijo que hay «niños en la habitación contigua jugando y interactuando con psicólogos, lo cual es algo muy valioso de presenciar en lugares como Jersón, porque apenas se ve gente fuera».
Miedo constante
Los trabajadores humanitarios que se ocupan de los niños «hablan del agotamiento que sufren las familias por vivir las 24 horas del día en un estado de alerta máxima», afirmó.
El funcionario de UNICEF destacó que los ataques que afectan a zonas civiles continúan en todo el país, «incluso en las zonas de las que no hablamos necesariamente», como el oeste de Ucrania y la capital, Kiev.
«El miedo constante a los ataques, el refugio en sótanos y el aislamiento con conexiones sociales limitadas han dejado a los niños luchando contra las circunstancias de esta guerra, lo que ha afectado directamente a su salud mental y física», concluyó.
Cortes diarios de electricidad
Arthur Erken, director regional para Europa de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), dijo a los periodistas que, debido a los ataques contra la infraestructura energética civil, «los cortes de electricidad ahora condicionan la vida cotidiana cuando las familias cocinan, cuando los niños estudian, cuando los hospitales programan intervenciones».
«Con temperaturas que bajan hasta los -20 grados centígrados, las comunidades se enfrentan a una grave escasez de calefacción, electricidad y reparaciones domésticas», añadió, lo que afecta especialmente a los desplazados y a los repatriados recientes.
Ucrania sigue siendo la mayor crisis de desplazamiento de Europa, dijo Erken. De los 9,6 millones de personas que han tenido que huir de sus hogares, 3,7 millones son desplazados internos.
«En uno de cada tres hogares desplazados, hay alguien que vive con una discapacidad, y en más de la mitad, alguien padece una enfermedad crónica», afirmó. «No se trata solo de estadísticas, sino de la realidad cotidiana que condiciona todas las decisiones, desde la atención médica hasta la alimentación.
La huida continúa
El representante de la OIM destacó que, incluso después de cuatro años de guerra a gran escala, los ucranianos siguen huyendo en busca de seguridad y servicios básicos.
«En el último año, más de 450.000 personas se vieron desplazadas de sus hogares, muchas de ellas por segunda o incluso tercera vez», afirmó.
Erken advirtió de que 325.000 repatriados ucranianos podrían verse desplazados de nuevo en los próximos meses, y más de un tercio de ellos están considerando volver a trasladarse al extranjero.
«La intención de abandonar el país refleja la tensión acumulada por la inseguridad, los daños en las viviendas y el acceso limitado a la electricidad y la calefacción», afirmó.
«Tras cuatro años de guerra, la resiliencia por sí sola no puede sostener a las familias durante otro invierno más de apagones y temperaturas bajo cero», insistió el funcionario de la OIM.
«Una vivienda segura, una energía fiable y los servicios esenciales no son lujos. Son fundamentales para la supervivencia, la seguridad y la dignidad de las personas», concluyó.

