GINEBRA — Tras sobrevivir al invierno más duro de los últimos diez años, millones de ucranianos desplazados se enfrentan a una crisis que se agrava, marcada por dificultades crecientes y ataques continuados, en un contexto en el que la paz sigue sin vislumbrarse.
En el interior del país, los bombardeos persistentes contra viviendas, sistemas energéticos e infraestructuras esenciales durante los meses más fríos dejaron a millones de personas sin calefacción ni electricidad durante largos periodos. Aunque la temperatura comienza a remontar, los daños son profundos. Se calcula que 10,8 millones de personas necesitan ayuda humanitaria en 2026, y que 3,7 millones siguen desplazadas dentro de Ucrania.
Al mismo tiempo, 5,9 millones de ucranianos continúan refugiados en el extranjero. En toda Europa, los países de acogida han brindado protección y oportunidades a un nivel sin precedentes, garantizando acceso a la educación, la sanidad y el empleo. Una combinación que ha permitido a millones recuperar la estabilidad y aportar a las comunidades que los han recibido.
Reforzar el apoyo
Sin embargo, a medida que la guerra se prolonga, es necesario reforzar el apoyo a quienes permanecen en el exilio sin una perspectiva clara de retorno. Junto a la protección temporal, los estados deberían explorar alternativas que faciliten estancias más largas, especialmente para las personas más vulnerables, cuyo regreso podría no ser posible ni siquiera cuando termine la guerra.
La evidencia es clara: la inclusión funciona. Un estudio reciente de ACNUR confirma que los refugiados contribuyen significativamente a las economías que los acogen. En Polonia, un análisis realizado por ACNUR y Deloitte concluyó que los refugiados ucranianos impulsaron un 2,7 % el PIB nacional en 2024. Mejorar la enseñanza de idiomas, agilizar el reconocimiento de cualificaciones y ampliar el acceso a trabajos dignos son pasos que podrían reforzar la autonomía de los refugiados en toda la región
Dentro de Ucrania, las comunidades siguen reparando viviendas, restableciendo servicios básicos y reconstruyendo sus medios de vida, con apoyo de ACNUR y de organizaciones socias. Pero, tras cuatro años de guerra, la resiliencia tiene un límite. La ayuda humanitaria sigue siendo esencial, así como reforzar los programas de recuperación y reconstrucción, imprescindibles para evitar nuevos desplazamientos y permitir condiciones seguras de retorno.
Gobierno ucraniano
Cuando las condiciones lo permitan, los retornos deberán ser voluntarios y graduales. Serán fundamentales para la recuperación del país. ACNUR trabaja con el Gobierno ucraniano y otros socios para restituir documentos personales, rehabilitar infraestructuras sociales y reparar viviendas dañadas por la guerra. También colabora en el análisis de las intenciones de retorno de los refugiados, en la previsión de movimientos poblacionales y en la planificación de la recuperación nacional.
Desde el inicio de la invasión a gran escala, ACNUR y sus socios han apoyado a 10 millones de personas con ayuda de emergencia, servicios de protección y apoyo psicosocial. En 2026, la Agencia prevé asistir a otros 2 millones de personas dentro de Ucrania, siempre que reciba la financiación necesaria. En toda la región, ACNUR y sus socios respaldan a 1,7 millones de refugiados y a los Estados que los acogen, con un enfoque claro en la inclusión y la autosuficiencia
El invierno se retira, pero la crisis humanitaria no. Debemos seguir apoyando al pueblo de Ucrania: con ayuda y reconstrucción dentro del país, y con seguridad y oportunidades de autonomía para quienes permanecen en el extranjero.

