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lunes, mayo 20, 2024

Añorve-Figueroa contra Astudillo-Aguirre

Añorve-Figueroa contra Astudillo-Aguirre

LECTURA POLÍTICA por: Noé Mondragón Norato

Hay un detalle que no puede pasarse por alto: en los dos actos —el de Acapulco y Chilpancingo— para conmemorar el segundo aniversario luctuoso del exgobernador priista René Juárez Cisneros no estuvieron presentes dos personajes representativos del PRI tradicional y eterno: el también exgobernador Rubén Figueroa Alcocer. Y el senador tricolor, Manuel Añorve Baños. Porque la cacareada “unidad priista” amenaza con romperse por el hilo más delgado. Basta con ubicar los contextos.

RUPTURAS TRICOLORES. – En el contexto de la elección federal de 2024, los exgobernadores Ángel Aguirre y Héctor Astudillo, anunciaron que “irían juntos” a esos comicios. Pero en realidad lo que pretenden es encarecer la negociación. Hacia dentro y también fuera de ese partido. Se lee así:

1.- Durante la ceremonia que festejó el primer aniversario del deceso por Covid-19 del exgobernador René Juárez, el 26 de julio de 2022, aparecieron en primer plano el senador Manuel Añorve y el exgobernador Rubén Figueroa. También el dirigente estatal de ese partido, Alejandro Bravo Abarca. Asistió por su lado el delegado del CEN del PRI en Guerrero, Marco Antonio Olvera Acevedo. Incluso, el expresidente Enrique Peña Nieto mandó un video mensaje. Y se realizó en la explanada del PRI. El del pasado miércoles 26 fue un evento deslucido y se realizó en el interior del edificio. Con muy pocos representantes de ese priismo tradicional y eterno. Dichas ausencias remarcan lo obvio: en ese partido la división es evidente. Por un lado, operan la dupla Aguirre-Astudillo. Y por el otro Añorve-Figueroa. Esas alianzas buscan objetivos de poder distintos.

Alejandro Bravo escondido por el escándalo

2.- Si el dirigente estatal del PRI, Alejandro Bravo Abarca no asistió a dicho evento —justificado por su jefe político Héctor Astudillo de que estaba en la graduación de uno de sus hijos—, en realidad la decisión pudo obedecer a cuando menos dos factores: A) Estaba salvaguardándose después de las revelaciones hechas por el obispo emérito Salvador Rangel Mendoza, en el sentido de que le había solicitado su intervención para dialogar con un líder delictivo —en clara representación política de Astudillo, pues era el jefe de su oficina—. Y no quiso exponerse a los medios de comunicación, pues con las declaraciones del prelado católico ya puso en riesgo su eventual pase como diputado local. Sobre todo, porque es un indiscutible cuadro político de Astudillo. B) Pudo ser advertido por el dirigente nacional priista Alejandro Moreno Cárdenas Alito, en el sentido de que sí asistía a ese evento marcaba, en definitiva, su línea y pertenencia política. Porque Astudillo ya cayó de la gracia política de Alito. Y si se mantuvo al interior del priismo es para tratar en un último y lastimero intento, de plegarse a Ángel Aguirre para que sea este personaje quien encabece la negociación con Alito —la cual también podría fracasar en virtud de que este lo percibe más inclinado hacia Miguel Ángel Osorio Chong, su adversario político indiscutible— a fin de vender ambos la imagen de ser los principales operadores políticos de una eventual alianza PRI-PAN-PRD-MC. Con el fin de no quedar fuera del reparto de las candidaturas. Ni del poder personal o de sus cuadros políticos.

Control Político de La UAGro

3.- Con toda la luz verde para operar con lo que queda del PRI y la simpatía política de Alito, además del control político de la UAGro a través del rector electo, Javier Saldaña, el senador Manuel Añorve está literalmente, engallado. Y con el exgobernador Rubén Figueroa sus acuerdos parecen marchar de la mejor manera. Figueroa está dolido con Aguirre porque cuando operó para dejarlo como gobernador sustituto en 1996, Ángel Aguirre no cumplió muchos de sus acuerdos. Y así quedó acostumbrado. Y con Añorve permanecen los resabios de la derrota infringida por Aguirre —en la que participó Osorio Chong— en la elección de enero de 2011. Además, y lejos de ser linchado por los señalamientos del obispo Rangel Mendoza, Figueroa Alcocer fue vendido por este como “un pacificador” al atreverse a dialogar con algunos grupos criminales. Es claro que, de aquí en adelante, van a ocurrir muchos eventos relacionados con esas rupturas tricolores. Porque Astudillo-Aguirre ya tiraron sus cartas. Y Añorve-Figueroa harán lo propio.

Ligas

HOJEADAS DE PÁGINAS…Una realidad es inocultable con relación a la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa. Y es la relacionada con la intervención del Ejército en asuntos ilícitos por órdenes presidenciales. Datan de la muerte y ejecución de líder agrarista Rubén Jaramillo en Morelos en mayo de 1962, ordenada por el presidente tricolor Adolfo López Mateos; atravesando después la masacre de estudiantes en Tlatelolco en octubre de 1968 endosada al priista Gustavo Díaz Ordaz. Y culminando con las incipientes ligas y acuerdos castrenses con grupos delictivos detonada con la masacre de Llano de Víbora en Tlalixcoyan, Veracruz en noviembre de 1991 en el periodo del presidente priista Carlos Salinas de Gortari. Y la desaparición de los 43 ocurrió durante el periodo de otro priista: Enrique Peña Nieto. Los presidentes en turno controlan al Ejército. La clave de todo es entonces, Peña Nieto. La historia no se equivoca.

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