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viernes, mayo 24, 2024

Astudillo: apelar a la clemencia de Alito

Astudillo: apelar a la clemencia de Alito

LECTURA POLÍTICA por: Noé Mondragón Norato

En política hay momentos en que se tiene el poder. Y hay otros en que ese mismo poder se escapa. La fuerza que en su momento lo retuvo y permitió paladearse con él, se desvanece irremediablemente. Cambian momentos y circunstancias. Actores y personajes son sustituidos. Nuevas decisiones impactan negativamente en los proyectos de quienes pretender eternizarse en su conducción.

Por eso, todos aquellos que lo han disfrutado, deberían evaluar con aplomo, inteligencia y cordura, el momento justo en que deben padecerlo. Eso es justo a lo que no se resigna el exgobernador priista Héctor Astudillo Flores. Nada más es cuestión de enlazar su indignante forma de aferrarse a esa codiciada rueda que ya giró para él dejándole amplios beneficios.

Enemigo Intimo

ENEMIGO ÍNTIMO. – Para el exgobernador Astudillo Flores, el reparto del poder en el partido tricolor debe alcanzarlo en la próxima elección federal de 2024. Está montado en esa idea. Sin embargo, se niega a admitir lo evidente: con su muy cuestionable desempeño como gobernador y sus pactos soterrados con el Morena, fue el personaje central que literalmente, desmanteló al PRI en la pasada elección de gobernador de 2021. De ahí se lee lo demás:

1.-

A la par del senador Miguel Ángel Osorio Chong, el exmandatario estatal guerrerense también debió renunciar al PRI. Porque internamente operó en sintonía con Osorio Chong, para que el actual dirigente nacional Alejandro Moreno Cárdenas Alito, se fuera de esa dirigencia. Y si percibió que Alito minimizó esas renuncias priistas y hasta se mofó de ellas, no se entiende qué espera de dicho dirigente nacional en la próxima elección presidencial de 2024, enarbolando como coartada el discurso de la manoseada “unidad tricolor”. Al quedarse en el PRI, es claro que Astudillo será visto como apestado. Alito estaría operando incluso, para que el hijo del exgobernador y actual diputado local, Ricardo Astudillo Calvo, se quede eventualmente sin dos cosas como mínimo: su reelección como legislador local. O su pase a la disputa por la diputación federal. ¿Se pondrá Astudillo literalmente de rodillas para que Alito lo mantenga con poder en Guerrero?

2.-

El operador político de Alito en Guerrero es el actual coordinador de los senadores priistas y ex edil de Acapulco, Manuel Añorve Baños. La relación de este último con Astudillo, percibida como “luna de miel política” durante todo el sexenio pasado, terminó en aparente ruptura cuando el exmandatario estatal decidió la candidatura priista en la sucesión por la gubernatura a favor de Mario Moreno Arcos. O al menos, esa fue la fachada política que tanto Astudillo como Añorve vendieron mediáticamente. Como sea, y si todavía existe un gesto de agradecimiento y de pago de compromisos inconfesables, Añorve se estaría convirtiendo en el emisario ante Alito a fin de que este “perdone” aquella falla reciente convertida en traición por parte de Astudillo.

3.-

En el PRI la situación es harto visible. Porque una de las primeras señales en el sentido de que Manuel Añorve rompió en verdad con Héctor Astudillo, sería el obligado relevo en la dirigencia estatal tricolor, donde despacha Alejandro Bravo Abarca, percibido como una literal imposición de Héctor Astudillo antes de abandonar el gobierno estatal. Si el actual dirigente estatal tricolor permanece en su cargo, significará que las gestiones políticas de Manuel Añorve ante Alito prosperaron positivamente. Y aunque las huestes afines al exgobernador Astudillo propalen la idea de que este mantiene el control sobre una amplia base priista —sobre todo la del voto duro— a Manuel Añorve y Alito les bastaría repartir el poco pastel electoral que aspiran a ganar, no con Astudillo, sino con el grupo político del también exgobernador Rubén Figueroa, a fin de neutralizarlo. Muy en el fondo, Héctor Astudillo se quedó sin balón y sin cancha política con la cual jugar en la próxima elección guerrerense. Su permanencia en el PRI no podría medirse con resultados electorales satisfactorios en función de que no pudo retener el gobierno estatal en la pasada elección de gobernador. Y, al contrario, operó para entregarlo. Por eso y en un último y lastimero intento por permanecer con poder, apela a la clemencia y compasión política de Alito. Porque la dignidad es una palabra que parece no estar incluida en su diccionario político personal.

Circulan fotos y audios

HOJEADAS DE PÁGINAS…Ayer circularon fotos y audios en las redes sociales en los que se ve a la alcaldesa morenista de Chilpancingo, Norma Otilia Hernández Martínez, compartir la mesa con un presunto jefe de la delincuencia organizada. En su descargo, la alcaldesa aseguró que sí se reunió con dicho personaje, pero que no hizo ningún compromiso. Si así fue, entonces ¿para qué acordó esa reunión? Como sea, es un indicio contundente que la fiscalía general del estado (FGE) podría utilizar en su contra. Y en el Congreso local, los partidos opositores agrupados en las fracciones legislativas del PRI y PRD están mudos. No existe ni hay oposición. Como Norma Otilia, parecen tener sus propios acuerdos políticos soterrados e inconfesables. Con su prolongado silencio ambos partidos se convierten en cómplices. En detrimento de la propia gobernabilidad democrática.

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