NUEVA DELHI.— El BRICS llega a Nueva Delhi con una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿puede convertirse en una verdadera fuerza capaz de disputar influencia al orden mundial mientras sus propios integrantes mantienen profundas diferencias?
La respuesta comenzará a tomar forma este sábado 12 de septiembre, cuando los líderes de las 11 naciones que integran el bloque abran su cumbre en la capital india, en medio de la guerra en Ucrania, el conflicto en Oriente Medio, las tensiones comerciales y la creciente preocupación por la seguridad de las rutas marítimas y el suministro energético.
No es una reunión cualquiera. El BRICS representa actualmente alrededor de 49.5% de la población mundial, 40% del PIB global y 26% del comercio internacional, de acuerdo con información del gobierno de India.
Pero el peso económico no garantiza unidad política.
Xi, Putin y Modi: una fotografía con mucho detrás
La llegada del presidente chino Xi Jinping convirtió la cumbre en uno de los principales focos de atención internacional. Su visita a India ocurre siete años después de su último viaje al país y en un momento en que Pekín y Nueva Delhi buscan mantener un cauteloso acercamiento después de años de tensiones fronterizas.
En Nueva Delhi también se encuentra el presidente ruso Vladímir Putin, quien sostuvo previamente una reunión bilateral con el primer ministro indio, Narendra Modi.
Los encuentros entre los tres dirigentes adquieren especial relevancia porque China, Rusia e India mantienen intereses estratégicos que no siempre coinciden.
Mientras Moscú busca preservar sus alianzas y mercados en medio de las sanciones occidentales, India intenta mantener relaciones simultáneas con Rusia, China y Estados Unidos. Esa posición obliga a Modi a caminar sobre una línea diplomática cada vez más estrecha.
Putin, además, encuentra en el BRICS una plataforma para mantener presencia internacional y reforzar sus vínculos con países del llamado Sur Global.
La guerra pone a prueba al bloque
El conflicto en Ucrania será uno de los grandes asuntos que sobrevolarán las conversaciones.
Rusia forma parte del BRICS y participa directamente en la guerra, mientras que varios de los demás integrantes mantienen relaciones económicas, energéticas o diplomáticas con Moscú.
La situación es todavía más complicada en Oriente Medio.
Irán forma parte del bloque y su presidente, Masoud Pezeshkian, participa en la cumbre. Al mismo tiempo, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos también están dentro del BRICS, lo que coloca frente a frente intereses regionales que no necesariamente pueden traducirse en una posición común.
Las divisiones ya han quedado expuestas durante las negociaciones previas para alcanzar consensos sobre los conflictos de la región.
El verdadero problema: hablar de unidad cuando existen intereses opuestos
El desafío para India no consiste únicamente en organizar una fotografía de líderes.
Nueva Delhi pretende que el BRICS avance hacia una mayor cooperación económica, tecnológica, energética y comercial, además de impulsar una reforma de las instituciones internacionales para otorgar mayor representación a los países en desarrollo.
Pero una cosa es sumar economías y otra muy distinta construir una estrategia común.
El bloque reúne a países con gobiernos, intereses geopolíticos y relaciones internacionales muy diferentes. Esa diversidad puede convertirse en su mayor fortaleza, pero también en su principal debilidad.
Las rutas marítimas entran al centro de la discusión
Narendra Modi ya colocó otro asunto sobre la mesa: la seguridad de las rutas marítimas.
La preocupación tiene una explicación directa. Los conflictos internacionales están afectando cadenas de suministro, transporte, comercio y mercados energéticos.
Para economías altamente dependientes del comercio marítimo, cualquier escalada militar que cierre o amenace rutas estratégicas puede traducirse en mayores costos, retrasos y presión sobre los precios.
India quiere aprovechar la presidencia del BRICS para identificar obstáculos al comercio entre sus integrantes y fortalecer la cooperación económica. El gobierno indio plantea una agenda basada en resiliencia, innovación, cooperación y sostenibilidad.
¿Un nuevo polo de poder o una alianza difícil de coordinar?
Aquí está el punto que merece mayor atención.
El BRICS nació como una plataforma de economías emergentes y con el paso de los años amplió considerablemente su alcance. Su crecimiento demuestra que una parte importante del mundo busca mayor capacidad de decisión fuera de las estructuras tradicionales dominadas por Estados Unidos y Europa.
Sin embargo, tener más miembros también significa tener más intereses que conciliar.
China busca ampliar su influencia económica. Rusia necesita conservar socios estratégicos. India intenta consolidarse como potencia global sin romper sus vínculos con Occidente. Irán busca respaldo internacional mientras enfrenta enormes tensiones regionales.
Y Brasil, una de las economías fundadoras, estará representado en esta ocasión por su canciller Mauro Vieira, después de que Luiz Inácio Lula da Silva delegara su participación.
Por eso, la verdadera noticia de esta cumbre no será solamente lo que los líderes anuncien.
Será saber hasta dónde pueden avanzar juntos cuando sus intereses empiezan a chocar.
Si el BRICS consigue acuerdos concretos sobre comercio, energía, tecnología y gobernanza internacional, podría salir fortalecido de Nueva Delhi.
Si las guerras y las diferencias internas vuelven a impedir consensos, quedará expuesta una contradicción que acompaña al bloque desde su expansión: su enorme peso económico no necesariamente significa que tenga una sola voz política.
Y esa será, precisamente, la prueba de fuego de Nueva Delhi.


