La muerte de Axel Yahir no debe convertirse en otra tragedia olvidada

La muerte de Axel Yahir no debe ser una noticia más: la lección que México no puede permitirse ignorar

Hay noticias que duran un día.

Y hay historias que deberían cambiar un país.

Por Juan Román Mariche

La muerte de Axel Yahir Ponce Rosete, un niño de apenas 12 años que perdió la vida presuntamente tras atragantarse con la semilla de una ciruela en Santiago Miahuatlán, Puebla, no puede quedar reducida a un hecho lamentable dentro de la estadística nacional.

Porque detrás de esa pérdida hay una pregunta que duele:

¿Estamos preparando a nuestros hijos para sobrevivir a una emergencia?

Las escuelas enseñan muchas cosas… pero no siempre cómo salvar una vida

Durante los últimos años, México ha tenido que adaptar sus escuelas a nuevas amenazas.

Los estudiantes realizan simulacros por sismos.

En algunas regiones incluso aprenden protocolos para resguardarse durante una balacera.

Esas medidas, aunque dolorosas de imaginar, han salvado vidas.

Entonces surge otra pregunta inevitable:

¿Por qué no enseñar con la misma importancia qué hacer cuando un compañero deja de respirar, se atraganta, pierde el conocimiento o un maestro sufre un infarto?

Unos cuantos minutos pueden marcar la diferencia entre la vida y la muerte.

Y esos minutos casi siempre ocurren antes de que llegue una ambulancia.

Los primeros auxilios deberían ser una materia para la vida

Ningún padre imagina que su hijo saldrá de casa para ir a la escuela y no volverá. Sin embargo, las emergencias médicas no avisan. Pueden presentarse en cualquier escuela, en cualquier momento y afectar a un estudiante, un maestro, un trabajador o incluso a un padre de familia. Cuando eso ocurre, los primeros minutos suelen ser decisivos y contar con personas capacitadas puede marcar una diferencia crucial.

Atragantamientos.

Convulsiones.

Infartos.

Golpes severos.

Reacciones alérgicas.

Desmayos.

Saber actuar durante los primeros minutos puede cambiar completamente el desenlace.

Por ello, especialistas en salud pública llevan años insistiendo en la importancia de que docentes, estudiantes y personal escolar reciban capacitación básica en primeros auxilios y maniobras de atención inicial.

No se trata de convertir a los maestros en médicos.

Se trata de darles herramientas para actuar mientras llega la ayuda profesional.

También debemos cuidar a quienes cuidan a nuestros hijos

Existe otra realidad que pocas veces se menciona.

Muchos docentes viven con el temor de intervenir durante una emergencia por miedo a enfrentar reclamaciones, denuncias o conflictos legales con algunos padres de familia.

Ese miedo también existe.

Y cuando aparece la duda entre actuar o no actuar, el tiempo sigue corriendo.

Por eso esta conversación debe incluir a toda la sociedad.

Los padres de familia tienen un papel fundamental.

Respaldar a los buenos maestros.

Confiar en ellos.

Reconocer que, en una emergencia, cualquier acción basada en capacitación puede representar una oportunidad para salvar una vida.

La educación también se construye con confianza entre escuela y familia.

Una propuesta que merece discutirse

En los últimos meses, el Gobierno Federal ha anunciado programas de inversión para mejorar la infraestructura educativa.

Quizá ha llegado el momento de abrir un nuevo debate nacional.

¿Por qué no impulsar que, de manera gradual, las escuelas cuenten con espacios para atención de primeros auxilios, equipo básico de emergencia y personal capacitado para responder mientras llegan los servicios médicos?

No se trata únicamente de atender atragantamientos.

También podría significar una respuesta más rápida ante desmayos, crisis asmáticas, reacciones alérgicas, convulsiones, traumatismos o problemas cardiovasculares que pueden presentarse en alumnos, maestros, trabajadores o padres de familia que se encuentren dentro de un plantel.

Sería una inversión cuyo verdadero valor no se mediría en pesos.

Se mediría en vidas.

Que Axel Yahir deje un legado

Ninguna política pública devolverá a una familia el abrazo de un hijo.

Ninguna reforma aliviará el dolor de unos padres que hoy despiden a un niño que acababa de concluir la primaria y soñaba con iniciar una nueva etapa de su vida.

Pero sí podemos decidir qué hacer con esta tragedia.

Podemos dejar que pase al olvido.

O convertirla en el inicio de una conversación nacional sobre prevención, capacitación y atención médica en las escuelas.

Porque quizá el mayor homenaje que México puede rendirle a Axel Yahir no sea solamente recordarlo.

Sea evitar que otro niño, en cualquier rincón del país, pierda la vida por una emergencia en la que cada segundo cuenta.

Cuando una tragedia nos deja una enseñanza, ignorarla también tiene un costo.

Y ese costo, a veces, puede ser otra vida.

La muerte de Axel Yahir abre un debate urgente sobre primeros auxilios en las escuelas de México

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