Afromexicanos quieren cerrar la puerta a las candidaturas simuladas: Audel Urbina propone acreditar el vínculo comunitario
Queremos candidaturas afromexicanos dice Audel Urbina
Por Juan Román Mariche
El presidente de Negro A.C. impulsa una Jornada Nacional para que las acciones afirmativas lleguen a personas con pertenencia y compromiso real con las comunidades afromexicanas y no se conviertan en una vía de acceso para candidaturas simuladas.
Hay una pregunta que comienza a ganar fuerza dentro del movimiento afromexicano en Guerrero:
¿Quién puede ocupar una candidatura reservada para representar al pueblo afromexicano?
La respuesta parece sencilla, pero en la práctica abre una discusión política y jurídica de fondo.
Para Audel Urbina Serrano, presidente de Negro A.C., no basta con que una persona se declare afromexicana cuando llega el momento de buscar una candidatura. La representación debe recaer en personas que tengan un vínculo comprobable con las comunidades y un compromiso con sus necesidades.
Ese es uno de los principales planteamientos de la Jornada Nacional por el Desarrollo y Justicia Social del Pueblo Afromexicano, que Urbina impulsa junto con organizaciones y actores sociales.
La propuesta parte de una preocupación concreta: que los partidos políticos utilicen las acciones afirmativas para cumplir formalmente con una cuota, pero terminen postulando perfiles que, según las organizaciones, no tienen una vinculación real con el pueblo afromexicano.
La discusión no es solamente quién se dice afromexicano
El problema no puede reducirse al color de piel, el apellido o la apariencia de una persona.
La pertenencia afromexicana es una cuestión de identidad y comunidad.
Precisamente por eso, la propuesta plantea fortalecer mecanismos de autoadscripción calificada, es decir, procedimientos que permitan acreditar el vínculo de una persona con la comunidad que pretende representar.
El concepto no es nuevo.
El Instituto Electoral y de Participación Ciudadana de Guerrero ya ha utilizado la autoadscripción calificada dentro de las reglas para candidaturas indígenas y afromexicanas. En documentos electorales del estado se han planteado elementos como el vínculo directo con la comunidad y el servicio comunitario como parte de la acreditación.
La discusión que ahora impulsa Urbina es si esos mecanismos son suficientemente sólidos para impedir la simulación.
Cuando una cuota puede perder su propósito
Las acciones afirmativas nacieron para abrir espacios políticos a sectores históricamente excluidos.
Pero existe una contradicción cuando una candidatura creada para corregir esa exclusión termina siendo ocupada por alguien que únicamente cumple con el requisito formal.
Ahí aparece lo que las organizaciones denominan simulación.
Urbina ha cuestionado precisamente que los partidos puedan determinar quién es considerado afromexicano para efectos de una candidatura y ha llamado a garantizar una representación auténtica. También ha planteado que las personas afromexicanas deben competir en igualdad de condiciones dentro de los propios procesos de selección partidista y no quedar fuera antes de que siquiera comiencen las encuestas o mecanismos internos.
La discusión adquiere relevancia porque la representación no termina con ganar una elección.
Un legislador, regidor, síndico o presidente municipal que llegue mediante una acción afirmativa también tendría que responder ante las comunidades cuya representación hizo posible su candidatura.
¿Cómo se comprueba el vínculo?
Aquí está la parte más delicada de la propuesta.
Una futura regulación tendría que encontrar un equilibrio entre dos derechos: respetar la identidad de las personas y evitar que una acción afirmativa sea utilizada de manera fraudulenta.
Por eso, la pregunta no debería ser simplemente “¿es negro o no es negro?”.
La pregunta correcta sería:
¿Qué elementos permiten demostrar que una persona tiene un vínculo real con la comunidad que pretende representar?
Los antecedentes electorales de Guerrero ya han planteado algunos caminos: participación comunitaria, servicio a la comunidad y documentos emitidos por autoridades o estructuras comunitarias. En propuestas anteriores incluso se ha considerado la participación de comités comunitarios para acreditar ese vínculo.
Pero una nueva legislación tendría que precisar quién puede acreditar, bajo qué requisitos, durante cuánto tiempo y qué ocurre cuando existe una controversia.
También tendría que establecer mecanismos contra documentos falsos o constancias obtenidas únicamente para cumplir un requisito electoral.
Guerrero no parte de cero
El estado ya tiene experiencia con acciones afirmativas para personas indígenas y afromexicanas.
El IEPC Guerrero ha emitido reglas específicas para la postulación de estas candidaturas y ha incorporado la autoadscripción calificada dentro de sus criterios electorales.
Incluso durante 2026 se han desarrollado discusiones sobre participación política y mecanismos para fortalecer los derechos político-electorales de pueblos indígenas y afromexicanos.
Por eso la propuesta de Urbina no aparece en un terreno vacío.
Lo que busca es llevar la discusión un paso más adelante:
que la representación no se quede en el cumplimiento formal de una cuota.
Del reconocimiento constitucional al poder de decisión
El reclamo también tiene una dimensión más amplia.
México reconoce constitucionalmente a los pueblos y comunidades afromexicanas como parte de la composición pluricultural de la Nación. La reforma de 2024 amplió sus derechos y los reconoció como sujetos de derecho público.
Pero el reconocimiento constitucional no garantiza por sí mismo que las comunidades tengan una representación proporcional y efectiva en los espacios donde se toman decisiones.
Ahí es donde la agenda de Negro A.C. coloca el debate político.
Audel Urbina plantea una jornada de diálogo con partidos, aspirantes y actores públicos para conocer propuestas y establecer compromisos con las comunidades afromexicanas. La intención, según ha planteado públicamente, no es solamente conseguir candidaturas, sino que personas con experiencia y compromiso puedan llegar a presidencias municipales, diputaciones, sindicaturas y regidurías.
La pregunta que los partidos tendrán que responder
El planteamiento coloca a los partidos políticos frente a una pregunta incómoda:
¿Quieren cumplir una cuota o quieren garantizar representación?
No necesariamente son lo mismo.
Una cuota puede cumplirse con un registro.
La representación requiere vínculo, conocimiento de los problemas comunitarios, participación y capacidad para llevar esas demandas a los espacios de decisión.
Por eso la propuesta de Audel Urbina tiene un alcance que rebasa una candidatura.
Está planteando modificar la forma en que se entiende la representación afromexicana.
Y si la discusión avanza hacia una nueva ley, habrá que resolver una cuestión fundamental: cómo construir un mecanismo de acreditación que sea suficientemente riguroso para impedir la simulación, pero suficientemente respetuoso para no convertir la identidad afromexicana en un trámite burocrático o en una prueba basada en estereotipos.
Ese será el verdadero desafío.
Porque si las acciones afirmativas fueron creadas para abrir una puerta que durante mucho tiempo estuvo cerrada, esa puerta debe abrirse para quienes fueron excluidos, no para quienes solamente descubren la llave cuando llega una elección.


