Canadá enfría las negociaciones con EU: Carney exige respeto a su soberanía antes de volver a la mesa
El primer ministro canadiense mantiene abierta la puerta a un acuerdo comercial, pero advierte que Washington debe abandonar las presiones y negociar en serio
Ottawa.— Canadá no está cerrando definitivamente la puerta a un nuevo acuerdo comercial con Estados Unidos, pero tampoco está dispuesto a regresar a la mesa de negociaciones bajo condiciones que, a juicio del gobierno de Mark Carney, comprometan la soberanía económica del país.
El primer ministro canadiense endureció este martes su posición frente a la administración de Donald Trump y sostuvo que Washington tendrá que comenzar a tomarse las conversaciones con seriedad antes de que puedan reanudarse.
El mensaje llega después de que Canadá suspendiera las negociaciones comerciales el pasado 21 de agosto, tras considerar inaceptables algunos cambios introducidos por Estados Unidos en la etapa final de las conversaciones. Ottawa sostuvo entonces que las nuevas condiciones eran desfavorables para su economía y generaban dudas sobre la confiabilidad de cualquier eventual acuerdo.
Canadá dice no a un acuerdo que limite su libertad comercial
Carney ha insistido en que su gobierno sí busca una relación comercial estable y beneficiosa con Estados Unidos, su principal socio económico, pero bajo una condición que considera fundamental: Canadá debe conservar la capacidad de decidir con quién comercia y qué políticas económicas adopta.
Durante las negociaciones, Washington planteó condiciones que, según Ottawa, podían limitar la posibilidad de que Canadá estableciera acuerdos comerciales con otros países.
Para Carney, esa posibilidad es inaceptable.
La postura canadiense es que cualquier acuerdo debe permitir al país mantener su independencia para establecer relaciones comerciales con terceros mercados, además de proteger sectores estratégicos de su economía.
El primer ministro también ha colocado sobre la mesa otro asunto especialmente sensible para Canadá: la protección de la lengua francesa y de la cultura de Quebec. Ottawa sostiene que estos temas no forman parte de las concesiones que está dispuesto a negociar.
El conflicto no es solamente político: también es económico
Detrás de la creciente tensión entre Ottawa y Washington existe una disputa comercial que puede tener consecuencias directas para empresas, trabajadores y consumidores de ambos países.
El gobierno canadiense ha rechazado aceptar condiciones que, de acuerdo con Carney, podrían debilitar industrias estratégicas, particularmente el sector automotriz.
Canadá había planteado reducir algunas de sus medidas de represalia si Estados Unidos disminuía de manera significativa sus propios aranceles y ofrecía condiciones que permitieran a las empresas canadienses mantener una posición competitiva en el mercado estadounidense.
Sin embargo, las diferencias se hicieron más profundas durante los últimos días de las conversaciones.
Carney sostiene que Estados Unidos terminó solicitando concesiones que Canadá no podía aceptar a cambio de beneficios que Ottawa consideró insuficientes.
Trump eleva la tensión con ataques y polémicas
Mientras las negociaciones permanecen congeladas, Donald Trump ha mantenido una retórica cada vez más agresiva hacia Canadá y sus dirigentes.
Entre las declaraciones que han provocado mayor controversia está su propuesta de llamar “Lake America” al lago Ontario, una medida que ya fue ordenada dentro de la jurisdicción estadounidense y que Canadá rechaza.
La decisión tiene un fuerte componente simbólico debido a la importancia histórica y cultural del nombre del lago. Carney ha defendido que en Canadá seguirá llamándose lago Ontario.
Trump también ha lanzado críticas contra los dirigentes canadienses y ha utilizado sus redes sociales para burlarse de Canadá, incluido un contenido generado mediante inteligencia artificial en el que aparecen gansos canadienses con un estilo asociado al propio mandatario estadounidense.
Aunque estas acciones no forman parte directamente de una negociación arancelaria, han contribuido a deteriorar el ambiente político en el que ambos gobiernos deberían intentar resolver sus diferencias.
Canadá prepara una respuesta económica
La disputa tampoco se ha quedado en declaraciones.
Después de la suspensión de las negociaciones, el gobierno canadiense anunció que prepararía aranceles de represalia equivalentes a los impuestos por Estados Unidos y medidas adicionales para respaldar a trabajadores y empresas afectados.
Ottawa ha señalado que algunas de estas medidas comenzarán a aplicarse después del Día del Trabajo en Estados Unidos, mientras mantiene su estrategia de reducir la dependencia económica de un solo mercado.
El objetivo de Carney es ampliar los vínculos comerciales de Canadá con otros países y fortalecer el mercado interno para disminuir la vulnerabilidad frente a las decisiones de Washington.
¿Habrá regreso a la mesa?
Por ahora, la respuesta de Ottawa es que sí existe espacio para negociar, pero no bajo cualquier condición.
Carney ha dejado claro que Canadá quiere un acuerdo que genere beneficios para ambos países, reduzca la incertidumbre para las empresas y proteja empleos.
Lo que no está dispuesto a aceptar, según su gobierno, es un pacto que limite la capacidad de Canadá para decidir su propia política comercial, debilite sectores estratégicos o implique renunciar a la protección de su lengua y cultura.
La disputa entre los dos países entra así en una etapa delicada: Canadá necesita mantener el acceso privilegiado al enorme mercado estadounidense, pero al mismo tiempo intenta demostrar que no está dispuesto a aceptar un acuerdo que considere contrario a sus intereses nacionales.
La pregunta ahora no es solamente cuándo volverán a negociar Ottawa y Washington, sino qué tendrá que cambiar para que Canadá considere que Estados Unidos realmente está dispuesto a negociar y no solamente a imponer condiciones.


