ANÁLISIS |Por Juan Román Mariche. El campo como apuesta política: la visión de Esthela Damián para un Guerrero con desarrollo y paz
Más que una propuesta agrícola, una visión de Estado
Durante décadas, el debate sobre Guerrero ha estado dominado por cifras de violencia, pobreza y rezago social. Cada administración ha intentado responder a esos desafíos desde distintos frentes, pero pocas veces la conversación pública ha colocado al campo como el centro de una estrategia integral de desarrollo.
Esa fue la idea que buscó posicionar Esthela Damián Peralta durante el foro «Guerrero del Futuro, Sembrando Soberanía», celebrado en Acapulco, donde sostuvo que el fortalecimiento del campo y la agroindustria puede convertirse en una herramienta para impulsar la economía y contribuir a la construcción de paz.
Su planteamiento no se limitó a la producción agrícola. Propuso una visión en la que el desarrollo rural deje de depender únicamente de la venta de materias primas y evolucione hacia cadenas de valor capaces de generar empleos, atraer inversión y fortalecer las economías regionales.
El reto histórico de Guerrero
Guerrero posee una enorme diversidad agrícola. Café de montaña, coco en la Costa Grande, mango en la región Norte, maíz en la Montaña y productos tropicales forman parte de una riqueza que, históricamente, no siempre se ha traducido en bienestar para quienes trabajan la tierra.
El principal obstáculo ha sido el mismo durante décadas: gran parte de la producción sale del estado sin transformarse, lo que significa que el valor agregado, la industrialización y buena parte de las ganancias terminan generándose en otros lugares.
Es precisamente ahí donde la agroindustria adquiere relevancia.
Agregar valor a los productos implica crear empleos en los propios municipios, fortalecer pequeñas empresas, ampliar mercados y ofrecer alternativas económicas para comunidades donde las oportunidades laborales siguen siendo limitadas.
Desarrollo económico como política de seguridad
Uno de los aspectos más relevantes del mensaje de Esthela Damián fue relacionar el crecimiento económico con la pacificación.
No se trata de una idea nueva en el ámbito internacional. Diversos estudios sobre desarrollo regional sostienen que la reducción de la violencia también depende de ampliar las oportunidades económicas, especialmente para los jóvenes.
Desde esa perspectiva, fortalecer el campo no solo significa aumentar la producción agrícola. También implica abrir oportunidades para nuevas generaciones que buscan permanecer en sus comunidades sin verse obligadas a migrar o enfrentar la falta de empleo.
La tesis es clara: cuando existen alternativas económicas sostenibles, las comunidades fortalecen su tejido social y amplían sus posibilidades de desarrollo.
Continuidad de una política pública
Durante su intervención, Esthela Damián sostuvo que el Gobierno de México ha incrementado la atención al campo desde la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador y que esa política continúa bajo la presidenta Claudia Sheinbaum.
También reconoció la coordinación entre el gobierno federal, el gobierno estatal encabezado por Evelyn Salgado y los municipios para impulsar proyectos relacionados con el desarrollo rural.
Ese reconocimiento tiene una lectura política relevante porque plantea continuidad institucional en lugar de confrontación, un mensaje que suele tener peso dentro de los procesos internos de Morena.
Del asistencialismo a la productividad
Otro de los puntos planteados durante el foro fue el rechazo a las prácticas clientelares que durante años caracterizaron parte de la política rural.
La apuesta presentada gira hacia una lógica distinta: fortalecer la productividad mediante inversión, organización y desarrollo regional.
El cambio de enfoque consiste en que el productor deje de ser únicamente beneficiario de apoyos públicos y pueda integrarse a cadenas económicas que generen ingresos sostenibles.
Ese desafío requiere infraestructura, financiamiento, capacitación, innovación tecnológica y mejores canales de comercialización.
El desafío será convertir el discurso en resultados
Las propuestas expuestas durante el foro abren una discusión necesaria sobre el futuro económico de Guerrero.
El potencial agrícola del estado es ampliamente reconocido. Sin embargo, el verdadero reto consiste en traducir ese potencial en políticas públicas capaces de mejorar los ingresos de las familias rurales, reducir desigualdades y fortalecer las economías locales.
La viabilidad de esa visión dependerá de la capacidad de articular productores, empresas, universidades, instituciones financieras y gobiernos en torno a un objetivo común.
Una discusión que trasciende la política interna
Más allá del contexto político en el que se desarrolla el proceso interno de Morena, el planteamiento presentado por Esthela Damián coloca sobre la mesa un tema de largo alcance: el papel que puede desempeñar el campo en la transformación económica de Guerrero.
La discusión ya no gira únicamente en torno a producir más, sino a producir mejor, transformar localmente, generar empleos y construir condiciones de desarrollo que permitan reducir las brechas históricas entre las regiones del estado.
Si esa visión logra traducirse en acciones concretas, el debate dejará de ser exclusivamente político para convertirse en una discusión sobre el modelo de desarrollo que Guerrero necesita durante las próximas décadas.


